Volver a empezar

Cómo levantarte de nuevo: una cosa pequeña cada mañana

Durante meses, la vida de Lina se sintió en pausa. Su manera de volver empezó con una taza de café, cada mañana.

Por AnónimoLina, 27, barista en Manizales5 min de lectura

Un desayuno con huevos, fruta y café sobre un mantel de colores

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Los meses en pausa

Lina es barista en una cafetería pequeña de la avenida Santander, en Manizales. Antes era la primera en llegar. Abría el local, prendía la máquina de espresso y saludaba por su nombre a los clientes de siempre.

Después llegó el año en que todo pasó a la vez. Su mejor amiga se fue a vivir a Bogotá. La cafetería cerró tres meses por remodelación. Se le acabaron los ahorros. Cuando reabrieron, volvió a trabajar, y se sentía otra persona.

Se despertaba a las nueve, tarde. El café era su desayuno. Después del turno se iba directo a la cama y pasaba publicaciones hasta la madrugada. Los fines de semana dejó de salir. “Es que estoy cansada”, le decía a su mamá por videollamada. Sabía que era más que eso.

Algunos días se sentía triste. Más seguido no sentía nada. Sin ganas, sin rumbo, con la vida en pausa mientras el mundo de afuera seguía andando.

Lo que lo hizo difícil

Por qué cuesta tanto volver a levantarse

Lo más difícil para Lina era que sabía todo lo que debería hacer. Hacer ejercicio. Dormir temprano. Volver a ahorrar. Llamar a sus amigas. Ir a la iglesia. Buscar un trabajo mejor. Cuando miraba la lista completa, se abrumaba, y terminaba sin hacer nada.

Después se culpaba. “Qué perezosa soy”. “He perdido tanto tiempo”. Cada día sin avanzar hacía más pesado el siguiente.

También le daba vergüenza hablar del tema. En redes, todos los que conocía parecían estar bien: trabajos nuevos, casas nuevas, vacaciones en el exterior. Ella todavía no lograba levantarse de la cama.

Esto es común cuando llevas mucho tiempo con la vida en pausa. Cuando la mente está cansada, hasta un paso pequeño parece una montaña. Y si esperas a que vuelvan las ganas para moverte, puedes esperar mucho tiempo. Muchas veces primero nos movemos, y las ganas llegan después.

Lo que ayudó

Cómo volvió a levantarse Lina: una cosa pequeña

Doña Gloria, la dueña de la cafetería, fue la primera en darse cuenta. Una tarde, mientras limpiaban, le preguntó: “Mija, ¿de verdad estás bien? Te noto como lejos estos días”. Lina se puso a llorar en el lavaplatos. Era la primera vez que admitía que no estaba bien.

Doña Gloria solo asintió, y luego le preguntó: “Una cosa pequeña mañana. Solo una. ¿Cuál va a ser?”.

Lina lo pensó. Antes le encantaban las mañanas de Manizales, el frío y la neblina. Así que eso eligió: despertarse a las siete, preparar café y tomárselo afuera de la casa donde arrendaba una habitación, mirando las montañas. Sin celular. Solo diez minutos.

Al día siguiente lo hizo. Hacía frío y todavía tenía sueño, y ahí estaba, afuera, con su taza amarilla en la mano, mirando cómo la neblina se levantaba despacio de las montañas. Era algo sencillo, y a las siete de la mañana ya había hecho algo.

Lo que ayudó

Los pasos pequeños que vinieron después

Después de una semana de café en las mañanas, agregó una cosa más: caminar al trabajo en vez de tomar el bus, quince minutos por la avenida. Dos semanas después, otra: llamar a su mejor amiga todos los domingos en la noche.

Algunos días no hacía nada de eso. Aprendió a dejar de contar esos días como fracasos. Mañana, otra vez café.

También volvió a la iglesia, a un grupo pequeño de jóvenes profesionales de su iglesia cristiana. Al principio solo escuchaba. Una noche alguien compartió sobre Isaías 40:31, y Lina decidió que podía caminar un tiempo antes de intentar correr.

Cuando notó que el corazón le seguía pesando durante semanas, aun con los pequeños avances, pidió una cita médica por la EPS. El médico la remitió a una psicóloga. Ahí aprendió a ser más amable consigo misma.

Ahora, seis meses después, Lina vuelve a ser la primera en llegar a la cafetería. Todavía tiene días difíciles. Cada mañana hay una taza amarilla, una montaña y una cosa pequeña ya hecha antes de que empiece el día.

Prueba esto hoy

Mañana en la mañana: una cosa pequeña

  1. Esta noche, elige una cosa pequeña que vas a hacer mañana en la mañana.
  2. Que sea muy pequeña: diez minutos o menos.
  3. Mañana, hazla, aunque tengas sueño o no tengas ganas.
  4. Escribe en el celular o en un cuaderno: “Lo hice”. Y repítelo al día siguiente.

Un versículo para hoy

Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:31

Para ti

Si tú también quieres volver a levantarte

Si ahora mismo sientes que tu vida está en pausa, sin ganas y sin saber por dónde empezar, apunta a una sola cosa esta semana.

Elige una cosa pequeña para mañana en la mañana. Un café afuera. Una caminata de cinco minutos. Un mensaje a un amigo o a una amiga. Hazla, y cuéntala como un logro. Primero nos movemos, y las ganas llegan después.

Habrá días en que no logres ni una. Es normal. Vuelve a intentarlo mañana. Un día pesado no borra lo que has avanzado.

Si llevas más de dos semanas sin ganas o con el corazón pesado, o te está costando sacar adelante el día, habla con un médico o con un psicólogo. Es un paso normal, y ayuda.

Si quieres ayuda hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Si no sabes hacia dónde vas, lee Cuando te sientes sin rumbo.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Cómo levantarme de nuevo cuando no tengo ganas de nada?

Empieza con una cosa pequeña cada día, como un café afuera o una caminata corta, y hazla antes de que vuelvan las ganas. Casi siempre primero nos movemos y las ganas llegan después. Si ya lleva más de dos semanas, habla con un médico o con un psicólogo.

¿Es normal sentir que mi vida está estancada?

Sí, mucha gente pasa por eso, sobre todo después de varios golpes seguidos. Tampoco es señal de pereza. Los pasos pequeños y una persona con quien hablar suelen ayudar.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.