Volver a empezar

Cómo Lino empezó de nuevo después de que el agua se lo llevó todo

En un solo año, Lino perdió sus piscinas de camarón y después la salud. Empezar de nuevo fue lento, una madrugada a la vez.

Por AnónimoLino, 45, pescador en Machala, El Oro, Ecuador6 min de lectura

Una mujer sonríe en un campo verde bajo el sol

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

El año en que subió el agua

Durante veinte años, las mañanas de Lino empezaron igual. Se levantaba a las cuatro, se tomaba un café pasado y salía a las piscinas de camarón que había construido con su papá junto al estero, en las afueras de Machala, en la costa de Ecuador. Daban lo justo para mandar a sus dos hijos al colegio y arreglar el techo cuando goteaba.

Entonces llegó el invierno, como le dicen en la costa a la temporada de lluvias, y ese año llovió como no se veía en mucho tiempo. Una noche de marzo, el río creció y siguió creciendo. Para la mañana, los muros de sus piscinas estaban bajo el agua y los camarones se habían ido, arrastrados hacia el mar con todo lo demás. Se quedó parado en la orilla, en chancletas, mirando agua café donde antes estaba su trabajo.

“Vamos a salir adelante”, le dijo a su esposa, Mercedes. Lo decía en serio. Pidió plata prestada para reparar los muros y volver a sembrar larvas. Dos meses después empezó a toser y no podía parar. El médico del hospital de la provincia dijo neumonía, y después dijo reposo. Seis semanas de reposo, para un hombre que nunca se había tomado seis días libres.

Para agosto, la plata prestada se había acabado, las piscinas estaban a medio reparar y Lino pasaba las tardes en una silla plástica junto a la puerta, mirando a sus vecinos salir en sus lanchas.

Lo que lo hizo difícil

Por qué empezar de nuevo parece imposible después de una gran pérdida

Perder las piscinas fue duro. Lo que vino después fue más duro. Lino siempre había sabido quién era: el que trabajaba, el que mantenía a la familia, al que la gente llamaba cuando había que arreglar un muro. Sentado junto a la puerta, ya no sabía quién era ese hombre.

Dejó de contestar los mensajes de sus amigos. Le gritó a su hijo por un plato roto. En las noches se quedaba despierto haciendo cuentas otra vez: la deuda, los gastos del colegio, el precio de las larvas, los meses hasta una cosecha. Las sumara como las sumara, los números le decían que había perdido veinte años en una noche.

Mercedes lo veía. “Come algo, mijo”, le decía, acercándole un plato. Él comía un poco y volvía a la silla. Cuando ella le preguntaba en qué pensaba, él decía: “En nada”. La verdad era que se sentía un fracasado, y no sabía cómo decirlo en voz alta.

Para Lino, empezar de nuevo significaba recuperarlo todo de una vez: las piscinas, la plata, las fuerzas, su lugar. Como no podía hacer todo eso, no hizo nada.

Lo que ayudó

Lo que ayudó a Lino a empezar de nuevo, paso a paso

El cambio llegó con su viejo amigo don Celso, que pasó una mañana con unos bolones de verde y se sentó en la silla de al lado sin pedir permiso. Hablaron del clima y del precio de la gasolina. Después Celso le preguntó: “¿Y tú? ¿Cómo estás de verdad?”, y esperó.

Lino se sorprendió a sí mismo. Le contó de las cuentas en la noche, de la vergüenza, de sentir que le había fallado a su familia. Celso asintió. “Yo estuve igual cuando se me quemó la lancha. Me tomó un año volver”. Era la primera vez que Lino sentía que lo que estaba viviendo tenía una forma, y un final.

Celso le pidió que lo ayudara en su lancha algunas mañanas por semana, remendando redes y llevando el timón. No pagaba mucho. Lo sacaba de la silla a las cuatro de la mañana y lo llevaba al agua al amanecer. Por primera vez en meses, volvía a casa con el cansancio bueno.

Cuando él era niño, su mamá solía repetir Lamentaciones 3:22-23 en el desayuno. Allá en el agua, de madrugada, por fin entendió por qué le gustaba tanto: la misericordia de Dios se renueva cada mañana.

Un domingo en la noche, él y Mercedes escribieron todo en una sola hoja: lo que debían, lo que entraba, lo que podía esperar. Escrito, se veía más pequeño que la versión de su cabeza. Fueron juntos a la cooperativa, pidieron más plazo para el préstamo y se lo dieron.

Lo que ayudó

Cómo empezar de nuevo en la vida cuando no puedes con todo a la vez

Lino no hizo un gran plan. Hizo una lista corta, de las que entiende un hombre que trabaja con las manos. Arreglar diez metros de muro esta semana. Salir con Celso tres mañanas. Desayunar con sus hijos. Orar antes de dormir, aunque sea una frase.

Algunas semanas hizo todo. Algunas semanas hizo una sola cosa. Mercedes le enseñó a contar esa única cosa como un logro.

También volvió a la iglesia, una iglesia evangélica pequeña del barrio. Después del culto, el pastor le puso una mano en el hombro y le dijo: “Vamos a orar por ti”. El sábado siguiente, unos hermanos de la iglesia llegaron a ayudarlo a reconstruir parte del muro.

Como las noches sin dormir no paraban, Mercedes insistió en que volviera al centro de salud, esta vez por la preocupación y el ánimo bajo. El médico lo escuchó, le preguntó por su sueño y por cuánto estaba tomando, y lo derivó a un psicólogo que venía al pueblo dos veces al mes. Lino fue para que Mercedes se quedara tranquila. Siguió yendo porque lo ayudaba.

Para el verano siguiente, la temporada seca, parte de las piscinas tenía camarón otra vez. Eran más pequeñas que antes. Lino dice que es lo mejor que ha construido, porque lo construyó dos veces.

Prueba esto hoy

Esta semana: empieza con diez metros

  1. Anota una cosa que perdiste este año y una cosa que todavía tienes.
  2. Elige una tarea que puedas terminar esta semana, tan pequeña que de verdad la vayas a hacer.
  3. Cuéntale a una persona cómo estás de verdad. Un mensaje alcanza.
  4. Al final de la semana, cuenta lo que hiciste, aunque haya sido una sola cosa.

Un versículo para hoy

Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

Lamentaciones 3:22-23

Para ti

Si tú también necesitas empezar de nuevo

Tal vez tu inundación fue distinta: un negocio que cerró, una relación que terminó, un año que se llevó más de lo que dio. Empezar de nuevo puede sentirse como si tuvieras que reconstruirlo todo antes de tener permiso para sentirte bien.

Puedes empezar con algo más pequeño. Elige una cosa que puedas hacer esta semana, del tamaño de diez metros de muro. Cuéntale a una persona la verdad sobre cómo estás. Anota lo que debes y lo que tienes, para que viva en el papel y deje de crecer en tu cabeza.

Si el peso dura más de dos semanas, o no puedes dormir, comer o sacar adelante el día, habla con un médico o con un psicólogo. Es un paso normal, y a Lino le ayudó más de lo que esperaba.

Si quieres ayuda para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Si sientes que perdiste el rumbo, Cuando te sientes sin rumbo es un buen lugar para empezar.

¿No estás bien hoy?

HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibe una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas de ayuda gratuitas en tu país.

Lo que otras personas preguntan

¿Cómo empezar de nuevo después de perderlo todo?

Empieza más pequeño de lo que crees. Elige una tarea para esta semana, cuéntale a alguien de confianza cómo estás de verdad y pon tus problemas en papel para que dejen de crecer en tu cabeza. Reconstruir después de una gran pérdida toma tiempo, muchas veces más de un año.

¿Es normal sentirse un fracaso después de una gran pérdida?

Sí, mucha gente lo siente, sobre todo quien suele mantener a otros. Si ese sentimiento dura más de dos semanas o te cuesta dormir, comer o trabajar, habla con un médico o con un psicólogo.

¿Cómo empezar de cero a los 40?

Igual que a cualquier edad: con pasos pequeños y con gente cerca. Haz una lista corta de lo que puedes hacer esta semana, pide ayuda concreta y cuenta cada avance. Lo que ya sabes hacer también cuenta, aunque hoy no lo parezca.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.