Volver a empezar

No pasé el examen de admisión: cómo Milagros se volvió a levantar

Su nombre no estaba en la lista. Durante semanas se escondió de su familia, de sus amigos y de su celular. Así fue como volvió a ponerse de pie.

Por AnónimoMilagros, 18, postulante a Enfermería en Lima5 min de lectura

Montañas verdes de los Andes entre la neblina

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

La noche en que salieron los resultados

Los resultados del examen de admisión salieron un domingo en la noche. Milagros estaba en su cuarto, en Lima, actualizando la lista de ingresantes en el celular, mientras su familia veía televisión en la sala y fingía no estar esperando.

Buscó su apellido tres veces. Luego buscó su nombre. Luego recorrió toda la lista desde arriba, letra por letra, como si el buscador pudiera haberla pasado por alto.

El grupo de chat de la academia se llenó de mensajes: felicitaciones, caritas llorando, fotos de los que ya celebraban con la cabeza rapada, como manda la tradición. Su mamá tocó la puerta despacito. “¿Hija?”. Milagros le dijo que necesitaba un minuto. No salió hasta la tarde del día siguiente.

Sus papás habían vendido un terrenito en su pueblo, en la sierra, para pagarle la academia. Su tía ya le había contado a toda la familia que Milagros iba a ser la primera profesional de la familia, la enfermera que los iba a cuidar a todos. Milagros pensaba en todo eso a la vez, una y otra vez.

Lo que lo hizo difícil

Por qué duele tanto no pasar el examen de admisión

Para muchos jóvenes, el examen de admisión carga con mucho más que una vacante. Carga con el dinero que tu familia gastó, las esperanzas de los parientes y los planes que todos hicieron alrededor de tu futuro.

Por eso, cuando Milagros no ingresó, sintió que le había fallado a todo el mundo. Silenció el grupo y dejó de publicar. Cuando llegaban parientes de visita, se quedaba en su cuarto. En la iglesia se sentaba cerca de la puerta para poder irse antes de que alguien le preguntara.

Los pensamientos eran fuertes. Tal vez no sirvo para enfermera. Tal vez desperdicié su dinero. Tal vez todos están hablando de mí. Se quedaba despierta sacando la cuenta de cuánto había costado la academia.

Su cuerpo también lo sentía. Dormía hasta tarde, casi no comía y se sentía cansada aunque no hubiera hecho nada. Pasaron las semanas, y los libros de la academia seguían en la caja junto a la puerta.

Lo que ayudó

Lo que hizo Milagros después de no ingresar

El primer paso vino de su papá. Una noche se sentó a los pies de su cama y le dijo: “Hija, te pagamos la academia porque te queremos. Y te seguimos queriendo igual”. Ella lloró mucho rato. Era la primera vez que se lo permitía.

El segundo fue decirle la verdad a una amiga. Le escribió a Rosa, una compañera del colegio que no ingresó el año anterior y entró en su segundo intento: “¿Cómo hiciste para aguantar?”. Rosa la llamó enseguida y hablaron una hora. Escuchar a alguien decir “yo pasé por lo mismo” hizo que la vergüenza se achicara.

Después miró el examen con honestidad. Revisó su puntaje, comparó sus respuestas con el solucionario y vio qué cursos le habían bajado la nota. Ese fracaso enorme y borroso se convirtió en dos áreas débiles que podía trabajar.

Se dio tiempo antes de volver a empezar: dos semanas de descanso, de dormir y de caminar por el malecón en las tardes. Luego armó un horario pequeño: tres horas de estudio al día, con los domingos libres. Estudiaba con Rosa dos veces por semana por videollamada.

Volvió a orar, esta vez con honestidad. Algunas noches toda su oración era: “Señor, me da miedo volver a intentarlo”. A veces su mamá se sentaba con ella y oraba también. Pegó 2 Corintios 4:8-9 en su escritorio.

Milagros volvió a postular en el siguiente proceso de admisión, y esta vez ingresó. Lo que más recuerda es la noche en que decidió volver a empezar, antes de saber cómo iba a terminar.

Prueba esto hoy

Esta semana: un paso hacia intentarlo de nuevo

  1. Cuéntale a una persona de confianza cómo te sientes de verdad con el resultado.
  2. Descansa unos días a propósito: duerme, come, sal a caminar.
  3. Revisa tu puntaje y anota las dos áreas en las que vas a trabajar primero.
  4. Arma un horario de estudio con un día completo de descanso a la semana.

Un versículo para hoy

Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos; Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos;

2 Corintios 4:8-9

Para ti

Si no pasaste el examen de admisión

Si tu nombre no estaba en la lista, date tiempo para sentirlo. La decepción, la vergüenza y la pena son normales después de algo por lo que trabajaste tanto. Para la mayoría de las personas, con el tiempo se vuelven más silenciosas.

Cuando te sientas con fuerzas, da un paso pequeño. Cuéntale la verdad a una persona. Revisa tu puntaje para ver qué reforzar. Arma un horario que deje espacio para descansar. Muchísimas personas ingresan en su segundo o tercer intento.

Si pasan las semanas y todavía no puedes dormir, comer o levantarte de la cama, o sientes que ya no hay esperanza, habla con un médico o un psicólogo. Es un paso normal, y la ayuda funciona.

Y si quieres un lugar para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes algo pequeño para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas de tu país donde alguien te escucha. Si no sabes qué viene ahora, Cuando no sabes qué camino tomar tiene algunos pasos pequeños para días así.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Qué hago si no ingresé a la universidad?

Date tiempo para descansar y sentir la decepción, y cuéntale a alguien de confianza. Cuando te sientas con fuerzas, revisa tu puntaje para ver qué áreas reforzar y arma un horario con días de descanso. Mucha gente ingresa en un intento posterior.

¿Cómo le digo a mi familia que no pasé el examen de admisión?

Diles cómo te sientes, aunque sea en pocas palabras. Muchas veces a tu familia le preocupas más tú que el resultado. Si te ayuda, pídele a una persona que te acompañe cuando hables con los demás.

¿Es normal sentir que fracasé por no ingresar a la universidad?

Sí. Es muy común sentir vergüenza o que le fallaste a tu familia. Es un sentimiento fuerte, y un resultado no dice quién eres. Si pasan las semanas y no puedes dormir ni comer, o sientes que ya no hay esperanza, habla con un médico o un psicólogo.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.