Ansiedad

Estrés por deudas: el miedo de Ramiro a cada mensaje del celular

Pidió prestado para pagar otras deudas y se lo escondió a su esposa. Esto fue lo que lo ayudó cuando por fin las enfrentó.

Por AnónimoRamiro, 38, conductor de buseta en Barranquilla5 min de lectura

Una mujer toma una taza de café en su cocina, pensativa

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Cada vez que vibraba el celular

Ramiro manejaba una buseta en Barranquilla, en una ruta que cruzaba la ciudad de sur a norte. Se levantaba a las cuatro para empezar temprano. En los últimos meses tenía un miedo nuevo, más pesado que el trancón de la tarde: su celular.

Empezó con poco. La plata no alcanzó cuando su hija menor se enfermó, así que pidió prestado en una aplicación de préstamos. Cuando no pudo pagar a tiempo, pidió en otra aplicación para pagar la primera. Después le pidió a su compadre. Después, a un prestamista gota a gota del mercado.

No había malgastado nada. Medicamentos, el recibo de la luz, la matrícula del colegio de su hijo mayor. Cada préstamo tenía una razón, y cada razón importaba.

Para septiembre, cada vez que el celular vibraba mientras manejaba, lo sentía como un golpe en el pecho. “Recordatorio: su cuenta está en mora”. A veces los cobradores llamaban incluso a gente que él conocía.

No se lo contó a nadie, ni siquiera a Lorena, su esposa. Cada noche le entregaba lo del día como si todo fuera normal, aunque faltaba plata porque estaba pagando cuotas a escondidas. “Hoy estuvo flojo el día”, le decía.

Lo que lo hizo difícil

Por qué el estrés por deudas pesa tanto

Para Ramiro, cada peso de deuda venía con vergüenza. Era el jefe de la familia, y sentía que les había fallado como proveedor.

Como lo escondía, lo cargaba todo solo. No podía dormir. Le dolía la nuca. Andaba de mal genio con sus hijos. Mientras manejaba, los números le daban vueltas en la cabeza, y una vez casi se pasa un semáforo en rojo.

Su cuerpo también lo sentía. Estaba cansado antes de la primera vuelta del día. Perdió el apetito, y cada vez que un pasajero le pagaba con un billete de cincuenta mil, lo primero que pensaba era a qué deuda iría a parar.

Pedir prestado para pagar otros préstamos es como cavar un hueco nuevo para tapar uno viejo. Solo se hace más hondo. Y cada préstamo nuevo trae un miedo nuevo.

Lo más pesado de todo era sentir que no tenía a quién acudir. “Este problema es mío”, se decía. “Yo me metí en esto, yo lo arreglo”.

Lo que ayudó

Cómo Ramiro enfrentó el estrés por sus deudas

Una noche, Lorena leyó un mensaje en el celular de él. Ya no había nada que esconder. Se sentaron en la cocina cuando los niños ya dormían, y Ramiro le contó todo. Esperaba que ella se pusiera brava. Se puso, un poco. Después le tomó la mano: “¿Por qué te echaste esto encima tú solo? Para eso somos pareja”.

Al día siguiente compraron un cuaderno. Anotaron cada deuda: a quién, cuánto, para cuándo y con qué interés. Daba miedo verlo. Por primera vez vieron el panorama completo, y resultó que tenía un final.

También miraron qué deudas tenían los intereses más altos y qué cobradores llamaban más. Por ahí empezaron. No podían con todo a la vez, así que se pusieron de acuerdo en cuáles atender cada semana.

Uno por uno, hablaron con los prestamistas. Ramiro llamó a su compadre y le pidió más tiempo. Con otros acordaron planes de pago que cuadraban con lo que él ganaba. Algunos dijeron que no, y la mayoría dijo que sí. Los dos tomaron además una decisión: no más préstamos nuevos para pagar los viejos.

Una aplicación seguía mandando mensajes amenazantes. Ramiro dejó de contestar las llamadas abusivas. Pagaba lo que se había acordado, y él y Lorena leían los mensajes juntos, para que ninguno de los dos enfrentara el miedo a solas.

En la casa también cambiaron los gastos. Almuerzo empacado desde la casa en vez de comer en la calle, y una lata vieja de galletas para ahorrar, aunque fueran dos mil pesos al día.

Ramiro también se lo contó a los otros conductores en el paradero. Pensó que se iban a burlar de él. Dos de ellos admitieron que también debían plata en aplicaciones de préstamos. Desde entonces se preguntan cómo van mientras esperan pasajeros.

Y oraba, dentro de la buseta, antes de cada vuelta. 1 Pedro 5:7 se volvió su oración: cada mañana le entregaba a Dios sus preocupaciones. Todavía tienen deudas, y Ramiro las lleva con menos peso. Duerme la noche entera, y ya no salta con cada vibración del celular.

Prueba esto hoy

Hoy: anótalo y cuéntalo

  1. Cuéntale a una persona de confianza sobre tus deudas.
  2. Anota cada deuda: a quién le debes, cuánto y para cuándo.
  3. Elige un prestamista con quien hablar esta semana para acordar un plan de pago.
  4. Cuando sientas ansiedad, haz respiración lenta: inhala contando hasta 4 y exhala contando hasta 6, durante dos minutos.

Un versículo para hoy

Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

Para ti

Si las deudas te están quitando la paz

Si estás leyendo esto con mensajes que no te atreves a abrir, primero respira. Muchísimas familias cargan deudas, y hay una manera de enfrentarlas paso a paso.

Hoy, cuéntaselo a una persona de confianza. Después anota en una hoja todas las deudas que tienes. Un problema es más fácil de enfrentar cuando lo ves completo. Si vives con tu pareja o con tu familia, cuéntales y hagan la lista en conjunto. La carga pesa menos cuando la sostienen dos o tres.

Si llevas semanas durmiendo mal, sientes ansiedad todo el tiempo o todo te parece sin salida, habla con un médico o con un psicólogo. Es un paso normal, y puede ayudarte a pensar con más claridad.

Si quieres un lugar para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmar la preocupación, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Si ahora mismo sientes ansiedad, prueba Cómo calmar la ansiedad.

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Lo que otras personas preguntan

¿Cómo manejar el estrés y la ansiedad por deudas?

Empieza por contárselo a alguien de confianza y por anotar todas tus deudas. Habla con tus prestamistas para acordar un plan de pago, y evita sacar préstamos nuevos para pagar los viejos.

¿Es normal no poder dormir por las deudas?

Sí, es común cuando los problemas de dinero pesan mucho. Si llevas semanas durmiendo mal o sientes ansiedad todo el tiempo, habla con un médico o con un psicólogo.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.