Ansiedad

Cómo Daniela dejó de pensar tanto en la noche

Durante casi un año, su mente repetía cada conversación apenas apagaba la luz. El cambio llegó poco a poco, un hábito pequeño a la vez.

Por AnónimoDaniela, 27, soporte técnico en Bogotá6 min de lectura

Una mujer recostada en su cama por la mañana

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

La llamada que volvía a las 11:48

El turno de Daniela en la mesa de ayuda de una empresa de software en Bogotá terminaba a las nueve. A las once y media ya estaba en la cama, con la luz apagada y el celular boca abajo en la mesa de noche. A las 11:48 estaba completamente despierta, repasando una llamada de esa tarde.

Un cliente le había hablado de mala manera. Ella resolvió el problema, cerró el caso y siguió con lo suyo, o eso creyó. En la oscuridad, la llamada volvió palabra por palabra, y después empezó a crecer. ¿Habré sonado grosera? ¿Se irán a quejar? ¿Mi jefe me va a decir algo el lunes? ¿Y si por esto me despiden?

A la una de la mañana ya había ensayado tres conversaciones que nunca iban a pasar y había escrito en su cabeza una carta de renuncia. A las dos estaba mirando ofertas de trabajo. A las 6:30 sonó la alarma y empezó el día ya cansada.

“No puedo dormir de tanto pensar”, le dijo una vez a su hermana mayor, medio en broma. Su hermana se rio y le dijo que a todo el mundo le pasa. Daniela también se rio, y no volvió a tocar el tema en meses.

Lo que lo hizo difícil

Por qué los pensamientos se hacen más fuertes en la noche

De día la mente está ocupada. Hay casos, chats, gente y ruido. En la noche todo eso se detiene, y las preocupaciones que esperaron todo el día por fin toman la palabra.

Las preocupaciones de Daniela seguían un patrón. Empezaban con algo pequeño que sí había pasado y luego corrían hacia la peor versión del futuro. Cada “¿y si…?” se sentía como un problema que tenía que resolver en ese momento, a la una de la mañana, sin ninguna forma de resolverlo.

El cansancio lo empeoraba. Después de una noche corta, las cosas pequeñas se veían más grandes y costaba más soltarlas. Así, mientras menos dormía, más fuertes eran los pensamientos la noche siguiente. Quedarse en la cama esforzándose por dormir solo alimentaba el círculo.

También le daba vergüenza. En su vida no pasaba nada grave. Tenía trabajo, una familia que la quería y una iglesia a la que iba casi todos los domingos. Se repetía que no tenía motivos para sentirse así, y eso le daba una cosa más en qué pensar en la noche.

Lo que ayudó

Lo que ayudó a Daniela a dejar de pensar tanto en la noche

Nada lo resolvió en una sola noche. Unos pocos cambios pequeños, repetidos casi todas las noches, fueron bajando el volumen.

El primero fue una lista de preocupaciones. A las ocho, antes de cenar, Daniela dedicaba diez minutos a escribir todo lo que tenía en la cabeza. Al lado de cada preocupación anotaba el siguiente paso pequeño, si había uno. “Preguntarle a mi jefe por la llamada del cliente” entró en la lista. “¿Y si me despiden?” recibió otra nota: no es problema de hoy. Cuando la llamada volvía a medianoche, podía decirse: “Ya está en la lista. Mañana la miro”.

El segundo fue levantarse. Cuando sentía que llevaba unos veinte minutos despierta, dejaba de pelear. Iba a la cocina, se tomaba un vaso de agua y leía algo aburrido con poca luz hasta que le volvía el sueño. De tanto pelear con sus pensamientos en la cama, la cama misma se había vuelto el lugar donde se preocupaba.

El tercero fue la respiración. Cuando sentía el pecho apretado, inhalaba contando hasta 4 y exhalaba contando hasta 6, durante unos dos minutos. Las preocupaciones seguían ahí después. Eran más pequeñas, lo bastante pequeñas como para dejarlas a un lado.

El cuarto fue el más difícil. Esta vez no lo dijo en broma. Tomando un café con una amiga de su grupo de la iglesia, lo dijo sin rodeos: “Hace meses que no duermo bien. Mi mente no se apaga”. Su amiga no tenía respuestas. Le dijo: “A mí me pasa igual”, y después: “Oremos por esto, y esta semana estemos pendientes la una de la otra”. Daniela durmió un poco mejor esa noche, tal vez porque ya no lo cargaba sola.

También empezó a orar de otra manera. Le nombraba a Dios cada preocupación, una por una, y se imaginaba dejándola sobre una mesa. Salmos 94:19 se volvió su versículo para antes de dormir.

Como después de un par de meses las noches seguían siendo difíciles, pidió una cita con la psicóloga que su empresa ofrecía a los empleados. Hablarlo la ayudó a ver de dónde venían los “¿y si…?” y por qué siempre aparecían en la noche.

Prueba esto hoy

Esta noche: una lista de preocupaciones de 10 minutos

  1. Antes de cenar, escribe todo lo que tienes en la cabeza. Todavía no lo ordenes.
  2. Al lado de cada preocupación, escribe un siguiente paso pequeño, o “no es problema de hoy”.
  3. Cierra el cuaderno. Si una preocupación vuelve cuando estás en la cama, recuérdate que ya está en la lista.
  4. ¿Sigues sin dormir después de un rato? Levántate, toma un poco de agua y siéntate en un lugar con poca luz hasta que te dé sueño.

Un versículo para hoy

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.

Salmos 94:19

Para ti

Si tu mente no se apaga esta noche

Tal vez estás leyendo esto a la una de la mañana. Si es así, estar en vela no dice nada malo de ti. Tu mente intenta protegerte resolviendo todo al mismo tiempo. Solo eligió la peor hora para hacerlo.

Esta noche, prueba una sola cosa de la lista de Daniela en lugar de todas. Escribe tus preocupaciones. Levántate si el sueño no llega. Inhala en 4 y exhala en 6. Y mañana, cuéntale a una persona cómo han sido tus noches.

Si pensar demasiado te quita el sueño casi todas las noches durante semanas, o empieza a pesarte también de día, habla con un médico o un psicólogo. Es un paso normal, y la ayuda funciona.

Y si quieres un lugar para empezar ahora mismo, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes algo pequeño para probar hoy, herramientas para calmarte en noches como esta, alguien que ore por ti y líneas gratuitas de tu país donde alguien te escucha. La página No puedo dormir de tanto pensar tiene un ejercicio de respiración de dos minutos que puedes hacer en la cama.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Por qué pienso tanto en la noche?

Durante el día, el trabajo y la gente mantienen tu mente ocupada. En la noche eso se detiene, y vuelven las preocupaciones que dejaste a un lado. El cansancio también las hace ver más grandes, y se puede volver un círculo: menos sueño, pensamientos más fuertes, menos sueño.

¿Cómo dejo de pensar tanto antes de dormir?

Escribe tus preocupaciones temprano en la noche, con un siguiente paso para cada una. Levántate si no puedes dormir y respira más lento: inhala en 4, exhala en 6. Si te pasa durante semanas, habla con un médico o un psicólogo.

¿Pensar demasiado en la noche es ansiedad?

Puede ser una señal de ansiedad, sobre todo si pasa casi todas las noches y te deja sin fuerzas al día siguiente. Un médico o un psicólogo puede ayudarte a entender qué está pasando. Mientras tanto, escribir tus preocupaciones y respirar despacio suelen ayudar.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.