Fe

Cómo orar cuando no encuentras las palabras

Ana tenía demasiada ansiedad y cansancio para las oraciones largas. Aprendió a orar con una sola frase, en el minibús, camino al trabajo.

Por AnónimoAna, 33, cajera de banco y mamá de dos en El Alto5 min de lectura

Una mujer sentada sola en una plaza, pensativa

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Demasiado cansada para orar

Ana trabaja como cajera en un banco de La Paz y vive en El Alto. Sus mañanas son una carrera: despertar a dos hijos, preparar los almuerzos, planchar el uniforme y bajar en minibús para entrar a las ocho. Creció en una iglesia evangélica y antes oraba todas las noches, de rodillas junto a la cama, como le enseñó su mamá.

El año pasado, el contrato de su esposo en Argentina terminó antes de tiempo y la plata empezó a faltar. Su hijo menor se enfermó una y otra vez durante meses. Ana empezó a despertarse a las tres de la mañana con el corazón acelerado, haciendo cuentas en la cabeza.

Intentó orar como siempre lo había hecho. Cerraba los ojos, y las preocupaciones se le amontonaban antes de terminar la primera frase. Volvía a empezar, se perdía y se quedaba dormida con culpa. A las pocas semanas dejó de intentarlo.

“Siento que estoy muy lejos de Dios”, le dijo a Rocío, su amiga del trabajo. “Ya no puedo orar como antes”.

Lo que lo hizo difícil

Por qué cuesta orar cuando tienes ansiedad

La ansiedad llena de ruido cada momento de silencio. Quedarse en calma para orar puede sentirse como abrirle la puerta a todas las preocupaciones a la vez. Por eso, gente a la que le encanta orar a veces descubre, en temporadas de ansiedad, que no puede.

Ana también creía que la oración tenía que ser de cierta manera: larga, ordenada, con las palabras correctas. Cuando no podía orar así, sentía que no estaba orando para nada.

Después llegó la culpa. Una buena cristiana debería poder orar, pensaba. Si no podía, tal vez algo andaba mal con su fe. Era una trampa de pensamiento, aunque ella todavía no lo sabía, y la culpa se volvió una cosa más que la mantenía despierta a las tres de la mañana.

No se lo contó a nadie en la iglesia. Todos ahí parecían tan seguros de Dios. Sonreía durante el culto del domingo, cantaba todas las alabanzas y volvía a casa sintiéndose más lejos que antes.

Lo que ayudó

Cómo aprendió Ana a orar con ansiedad

Rocío no le discutió. Le dijo: “Yo a veces oro con una sola frase: ‘Señor, ayúdame’. Con eso basta”.

A la mañana siguiente, en el minibús, Ana lo intentó. Apretada entre un estudiante y una señora con un aguayo lleno de verduras, miró por la ventana y dijo por dentro: “Señor, tengo miedo por la plata. Ayúdame hoy”. Esa fue toda la oración. Duró cinco segundos.

Lo volvió a hacer en el camino de vuelta: “Señor, gracias porque el día salió bien”. Y otra vez a las tres de la mañana: “Señor, sostenme”.

En las semanas siguientes, el minibús se volvió su cuarto de oración. Empezó a orar por lo que veía: los niños con uniforme del colegio, el chofer, la mujer que lloraba en silencio en el asiento de atrás. Sus oraciones eran cortas y sinceras, y por primera vez en meses las sentía suyas.

Lo que ayudó

Qué más ayudó a Ana con su ansiedad

Rocío le preguntó si podía orar por ella también. Cada lunes le mandaba un mensaje: “Hoy oré por ti. ¿Cómo sigue tu chiquito?”. Saber que alguien más la sostenía en oración hacía que Ana se sintiera más liviana los días en que ella casi no podía orar.

Ana escribió Filipenses 4:6-7 en una tarjeta y la guardó en la billetera, detrás de su carnet. La leía mientras esperaba el minibús. Algunos días era la única oración que lograba hacer, y con eso bastaba.

También se ocupó de las preocupaciones mismas. Ella y su esposo se sentaron a hacer un presupuesto sencillo. Le contó a su supervisora que su hijo menor estaba enfermo, y acordaron un horario que le permitía llevarlo a sus controles. Cuando las palpitaciones de las tres de la mañana no pararon después de un mes, fue al médico, que revisó su salud, habló con ella sobre la ansiedad y le sugirió ver a un psicólogo.

Sus problemas seguían ahí. Ahora tenía dónde ponerlos, cada mañana, camino al trabajo.

Prueba esto hoy

Hoy: tres oraciones de una frase

  1. Camino al trabajo o a clases, ora con una frase sobre lo que más te preocupa.
  2. En el almuerzo, ora con una frase para agradecer algo pequeño.
  3. Antes de dormir, ora con una frase para pedir descanso.
  4. Pídele a un amigo o a una amiga que ore por ti esta semana, y cuéntale por qué.

Un versículo para hoy

Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

Para ti

Si no encuentras las palabras para orar

Si antes orabas con facilidad y ahora no puedes, tu fe no tiene nada de malo. La ansiedad hace difícil quedarse en calma. Dios escucha las oraciones cortas, las oraciones cansadas y las oraciones que son solo un suspiro.

Prueba con una frase hoy. Dila en el bus, en el baño, mientras se cocina el arroz. “Señor, ayúdame”. “Señor, gracias”. “Señor, tengo miedo”. Cada una de esas frases es una oración de verdad.

Deja que alguien ore por ti también. En la página de oración puedes enviar una petición, y alguien orará por ti.

Si la ansiedad te sigue despertando en las noches por más de dos semanas, o te complica el día, habla con un médico o con un psicólogo. La fe y el buen cuidado van juntos.

Si quieres más apoyo, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Para tener versículos a mano, mira Versículos de la Biblia para la ansiedad.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Cómo orar cuando tengo ansiedad?

Que sea corto y sincero. Una frase como “Señor, tengo miedo, ayúdame hoy” es una oración de verdad. Ora en momentos pequeños del día, y pídele a alguien de confianza que ore por ti también.

¿No poder orar es señal de poca fe?

No. La ansiedad hace difícil quedarse en calma, y mucha gente de fe firme pasa por temporadas en que orar le cuesta. Las oraciones cortas cuentan, y también cuenta dejar que otros oren por ti.

¿Qué oración corta puedo hacer cuando siento angustia?

Puedes decir algo tan sencillo como “Señor, ayúdame”, “Señor, dame paz” o “Señor, quédate conmigo”. Si la angustia dura semanas o no te deja dormir, habla también con un médico o con un psicólogo.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.