Duelo y desamor

La mañana en que faltó el pan: el duelo por una abuela

Durante 25 años, Lucía despertó con el café de su abuelita. Después del entierro, la cocina se quedó a oscuras. Así aprendió a cargar con el duelo.

Por AnónimoLucía, 25, profesora de primaria en Cusco5 min de lectura

Un desayuno con huevos, fruta y café sobre un mantel de colores

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Café y pan chuta a las seis

Desde que Lucía tenía memoria, su abuelita era la primera en levantarse. A las seis, la cocina de su casa en Cusco olía a café pasado, y sobre la mesa había una bolsa de pan chuta todavía caliente. La abuelita le servía una taza a Lucía y le hacía la misma pregunta todos los días: “¿Y qué vas a hacer hoy, hijita?”.

La abuelita se enfermó en junio. En agosto ya no estaba. Luego vino el velorio: himnos y oraciones toda la noche, parientes que llegaron de Lima y de Puno, una mesa larga con comida y café para los que se quedaban despiertos. Lucía atendía a la gente y se mantenía ocupada. Casi no lloró.

Después todos se fueron a sus casas. El primer lunes después del entierro, Lucía se despertó a las seis por costumbre y entró a la cocina. Estaba oscura. No había café. No había pan. Se quedó parada ahí, en ropa de casa, y por fin se quebró.

Lo que lo hizo difícil

Por qué el duelo puede pesar más después del entierro

Durante el velorio siempre había algo que hacer. Después del entierro, el ajetreo se terminó, y la pérdida se metió en los momentos de todos los días. La silla donde siempre se sentaba la abuelita. Sus pantuflas junto a la puerta. Su número, todavía guardado en el celular de Lucía como “Abuelita Rosa”.

Lucía volvió a dar clases después de una semana. Les sonreía a sus alumnos de cuarto grado y lloraba en el baño de profesores a la hora del almuerzo. Le contestaba mal a su mamá y después se sentía culpable. Algunos días no sentía nada, y eso la asustaba más.

La gente lo decía con cariño: “Ya está con el Señor”. “Por lo menos ya no sufre”. Lucía creía las dos cosas, y aun así ninguna llenaba el vacío de sus mañanas.

También sentía que ya debería haberlo superado. La abuelita tenía 84 años. Otras personas habían perdido a sus papás, incluso a sus hijos. ¿Quién era ella para derrumbarse por una abuela? Así que mantuvo su duelo pequeño y callado, y le siguió pesando igual.

Lo que ayudó

Cómo aprendió Lucía a vivir el duelo

Lo primero que ayudó fue dejar que el duelo fuera tan grande como era. Su pastor la visitó una tarde y le dijo: “La tuviste cada mañana durante 25 años. Claro que esto duele”. Lucía lloró frente a alguien por primera vez desde el entierro.

Recuperó las mañanas de una forma nueva. Un sábado compró pan chuta, pasó café en la vieja cafetera de la abuelita y se sentó a la mesa con su mamá. Hablaron de ella: de sus chistes malísimos, de sus regaños, de cómo tarareaba himnos mientras barría el patio. Se rieron, luego lloraron, luego se rieron otra vez. Se volvió su costumbre de los sábados.

Le escribía a su abuelita en un cuaderno pequeño las cosas que le habría contado con el café. “Abuelita, mis alumnos de cuarto están terribles este año”. “Abuelita, hoy te extraño”. Algunos días no escribía nada. El cuaderno estaba ahí cuando lo necesitaba.

También dejó que su cuerpo viviera el duelo. Dormía cuando estaba cansada, caminaba por la Plaza de Armas al caer la tarde y, por un tiempo, dijo que no a las actividades extra del colegio.

Y oró con honestidad. Algunas noches estaba enojada. Otras noches solo decía: “Señor, la extraño”. Salmos 34:18 le pareció cierto como nunca antes.

Meses después, el duelo seguía ahí, y había cambiado. Ahora llegaba en olas. En los días buenos podía pensar en su abuelita y sonreír. En los días difíciles sabía a quién llamar.

Prueba esto hoy

Esta semana: mantén una de sus costumbres

  1. Elige algo que esa persona solía hacer: una receta, una canción, un café en la mañana.
  2. Hazlo una vez esta semana, a solas o con alguien que también la quería.
  3. Mientras lo haces, cuenta una historia sobre ella.
  4. Si lloras, permítetelo. Si te ríes, permítetelo también.

Un versículo para hoy

Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.

Salmos 34:18

Para ti

Si estás en duelo por alguien que amas

Si hoy extrañas a alguien, el duelo no tiene horario. Llega en olas, muchas veces en las cosas pequeñas de cada día que compartían. Sentirlo es parte de haber amado a esa persona.

Prueba una cosa pequeña esta semana. Cuéntale a alguien una historia sobre la persona que perdiste. Mantén viva una de sus costumbres: una receta, una canción, un café en la mañana. Escríbele una nota corta.

Si durante semanas el duelo te impide dormir, comer, trabajar o pasar el día, o sientes que no hay esperanza, habla con un médico o un psicólogo. Pedir apoyo en el duelo es un paso normal.

Y si quieres un lugar para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes algo pequeño para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas de tu país donde alguien te escucha. Para los días pesados, Versículos para cuando te sientes triste reúne algunos versículos y una oración corta.

¿No estás bien hoy?

HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibe una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas de ayuda gratuitas en tu país.

Lo que otras personas preguntan

¿Cómo superar la muerte de un abuelo o una abuela?

Date permiso para vivir el duelo, habla de esa persona con quienes también la querían y mantén pequeñas costumbres que te la recuerden. Descansa, come y duerme lo mejor que puedas. Si durante semanas el duelo hace muy difícil tu vida diaria, habla con un médico o un psicólogo.

¿Es normal sufrir tanto por la muerte de mi abuela?

Sí. Si tu abuela era parte de tu vida diaria, perderla puede doler tanto como cualquier otra pérdida. No hay un tiempo correcto para el duelo.

¿Cuánto dura el duelo?

No hay un plazo fijo. Para muchas personas el dolor se vuelve más llevadero con los meses, aunque regrese en fechas especiales. Si pasa mucho tiempo y sigues sin poder llevar tu vida diaria, o sientes que no hay esperanza, busca la ayuda de un médico o un psicólogo.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.