Presión y agotamiento
Año de tesis, un derrumbe a las 2 de la mañana y lo que ayudó a Juan David
Era el primero de su familia en estudiar ingeniería. Cuando la tesis empezó a desmoronarse, él también, hasta que se atrevió a decir en voz alta lo difícil.
Por AnónimoJuan David, 21, estudiante de ingeniería en Medellín6 min de lectura

Cada historia reúne vivencias de varias personas.
La historia
La noche en que el archivo de la tesis no abrió
Juan David estaba en último año de Ingeniería Civil en una universidad pública de Medellín. Arrendaba una pieza cerca de la universidad, en una casa con otros tres estudiantes. Sus papás tenían una ferretería pequeña en un pueblo del oriente antioqueño, y él era el primero de la familia en estudiar ingeniería.
Cada semana su mamá le mandaba el mismo mensaje: “¿Cómo va la tesis, mijo? Estamos muy orgullosos de ti”. Él respondía con un pulgar arriba. No les contaba que los datos de su grupo eran un desastre, que el director ya les había devuelto dos veces el capítulo tres y que la sustentación era en cinco semanas.
Un martes a las 2 de la mañana, después de tres noches durmiendo cuatro horas, el portátil se congeló y el archivo no abrió. Algo en él se rompió. Se sentó en el piso del baño, con las manos temblando, llorando tan fuerte que casi no podía respirar. Solo podía pensar: voy a fracasar, y todo lo que ellos trabajaron se va a perder.
Su compañero de casa, Kevin, tocó la puerta: “Parce, ¿estás bien?”. Juan David le dijo que sí. Kevin no se fue. Se sentó afuera de la puerta hasta que Juan David salió, le pasó un vaso de agua y le dijo: “Vamos a comer algo. El de los caldos de la esquina todavía está abierto”.
Lo que lo hizo difícil
Por qué el estrés de la tesis pega tan fuerte
El año de tesis lo junta todo al mismo tiempo. Entregas de otras materias, compañeros de grupo con sus propios problemas, un director con poco tiempo y una sustentación que se siente como si decidiera todo tu futuro.
Para Juan David, el trabajo era solo la mitad. La otra mitad era lo que significaba. Cada pago de la matrícula salía de los bultos de cemento y las cajas de puntillas que vendía su papá. Fracasar se sentía como fallarles, así que escondía cada semana mala y seguía diciendo “todo bien” hasta que ya no le quedaba nada de bien.
Su cuerpo también lo estaba pagando: poco sueño, demasiado café, comidas saltadas, ningún día de descanso. Después de semanas así, los problemas pequeños empiezan a sentirse como el fin del mundo. Un portátil congelado fue la gota que colmó el vaso.
Además estaban las redes. Otros grupos publicaban fotos de documentos terminados y celebraciones con pizza. Cada publicación se sentía como una prueba de que él iba atrasado.
También creía que pedir ayuda era de débiles. Todos los demás parecían estar bien. Meses después supo que casi todos sus compañeros de semestre se sentían igual, y que todos se lo estaban escondiendo entre sí.
Lo que ayudó
Lo que ayudó a Juan David con el estrés universitario
Con un caldo a las 3 de la mañana, Juan David le contó todo a Kevin. Kevin lo escuchó y después lo ayudó a dividir las cinco semanas siguientes en una lista escrita en una servilleta: qué había que entregar, quién lo iba a hacer y qué podía esperar.
Al día siguiente, Juan David hizo algo que llevaba un mes evitando. Le escribió un correo a su director, le explicó dónde estaba atascado el grupo y le pidió quince minutos. El director les dio media hora y encontró el problema de los datos en diez minutos. “Hubieran preguntado antes”, les dijo.
Se puso algunas reglas para las últimas cinco semanas. Dormir a la 1 de la mañana a más tardar, sin excepciones. Una comida de verdad al día, con alguien más. Una hora cada domingo sin nada de tesis. Estaba seguro de que estaba perdiendo tiempo. Su trabajo mejoró, porque por fin podía pensar con claridad.
Kevin estaba pendiente de él. A eso de la medianoche tocaba la puerta y hacía una sola pregunta: “¿Ya a dormir?”. Casi todas las noches, Juan David cerraba el portátil.
Kevin le sugirió ir a Bienestar Universitario, y Juan David fue, nervioso todo el camino. La psicóloga lo ayudó con el pánico que sentía cada vez que abría el archivo, y con la voz en su cabeza que le decía que una mala nota lo convertía en un fracaso.
Después llamó a su casa: “Ma, está muy difícil. Puede que me atrase”. Se preparó para lo peor. Su mamá se quedó callada un momento y luego le dijo: “Mijo, tú vales más que un diploma. Vente para la casa este fin de semana”. Fue, durmió doce horas y comió el sancocho de su mamá. En el almuerzo del domingo, su papá oró por él, algo que Juan David no escuchaba desde que era niño.
La noche antes de la sustentación, su mamá le mandó Mateo 6:34. Aprobaron, con correcciones.
Prueba esto hoy
Hoy: el plan de la servilleta
- Escribe todo lo que tienes que entregar en las próximas dos semanas.
- Al lado de cada cosa, escribe el siguiente paso, tan pequeño que lo puedas terminar en 30 minutos.
- Manda un mensaje pidiendo ayuda: a tu director, a alguien de tu grupo o a una amistad.
- Decide a qué hora vas a dejar de trabajar esta noche, y cúmplelo.
Un versículo para hoy
Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.
Mateo 6:34
Para ti
Si el estrés de la universidad te está aplastando
Si estás leyendo esto a las 2 de la mañana con la tesis abierta en otra pestaña, ciérrala por esta noche. Un cerebro descansado arregla en una hora lo que uno cansado pelea toda la noche.
Tu tesis importa, y tú importas más. Un capítulo atrasado se puede arreglar. Un cuerpo que funciona con tres horas de sueño necesita cuidado primero.
Mañana, haz una sola cosa: cuéntale a una persona qué tan mal está la cosa de verdad. Alguien con quien vives, alguien de tu clase, tu director, tus papás. La mayoría de la gente quiere ayudar y no tiene idea de que lo necesitas.
Si durante más de dos semanas sientes que no hay esperanza, no puedes dormir o no logras sostener tu día a día, habla con el servicio de psicología de tu universidad o con un médico. Es un paso normal, y la ayuda funciona.
Si quieres un lugar para empezar ahora mismo, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes algo pequeño para probar hoy, herramientas para calmarte en noches de exámenes, alguien que ore por ti y líneas gratuitas de tu país donde alguien te escucha. Si ya no te quedan fuerzas, lee Cuando ya no puedes más.
¿No estás bien hoy?
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Lo que otras personas preguntan
¿Cómo manejar el estrés de la tesis?
Divide el trabajo en pasos pequeños, pregúntale a tu director apenas te atasques y cuida tu sueño y tus comidas. Si durante semanas el estrés no te deja funcionar, habla con el servicio de psicología de tu universidad.
¿Es normal colapsar por el estrés de la universidad?
Muchos estudiantes llegan a un punto de quiebre cuando la presión se acumula durante semanas sin descanso. Es una señal para bajar el ritmo y buscar apoyo, y contárselo a alguien de confianza es un buen primer paso.
Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.
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