Presión y agotamiento
Síndrome del cuidador: cómo Gabriela aprendió a descansar mientras cuidaba a su mamá
Después del ACV de su mamá, Gabriela hacía todo y no descansaba nunca. Lo que la ayudó a seguir cuidando sin quedarse vacía.
Por AnónimoGabriela, 41, cuida a su mamá en Córdoba5 min de lectura

Cada historia reúne vivencias de varias personas.
La historia
Cada pocas horas, durante ocho meses
La mamá de Gabriela tuvo un ACV (un accidente cerebrovascular) un domingo de marzo, justo después del almuerzo. Sobrevivió, y dos semanas después volvió a su casa en Córdoba con el lado derecho débil, el habla lenta y una larga lista de medicamentos.
Gabriela, de 41 años, soltera y la hija que vivía más cerca, se convirtió en la cuidadora principal. Su hermana menor, Paula, venía los fines de semana cuando podía y pagaba la kinesióloga. Gabriela hacía el resto: medicamentos a las seis, a las diez, a las dos y a las ocho, cambiar de posición a su mamá en la cama, comidas que tenían que ser blandas, los ejercicios de rehabilitación y las consultas médicas en taxi.
Además seguía con su trabajo de medio tiempo, llevando la contabilidad de dos comercios del barrio de noche, en la mesa del comedor. Durante ocho meses durmió a ratos y casi no salió de la casa, salvo para ir a la farmacia.
Una tarde, su mamá volcó un vaso de agua y Gabriela gritó. Le salió más como un sonido que como una palabra, tan fuerte que el perro del vecino se puso a ladrar. Su mamá empezó a llorar. Gabriela se metió en el baño, se sentó sobre la tapa del inodoro y lloró todavía más.
Lo que lo hizo difícil
Las señales del síndrome del cuidador que Gabriela no vio
Mirando hacia atrás, las señales llevaban meses ahí. Estaba cansada todo el tiempo, incluso después de dormir. Le contestaba mal a Paula por cosas chicas, como qué marca de pañales para adultos comprar. Había dejado de responder los mensajes de sus amigas. Se enfermó dos veces en un mes y siguió trabajando las dos veces.
Sentía culpa por todo. Culpa cuando perdía la paciencia, culpa cuando se sentaba, culpa por desear, una vez, que otra persona se hiciera cargo. “Soy su hija”, se decía. “Esto me toca a mí”. Descansar se sentía como abandonar a su mamá.
Cuidar a una madre o a un padre enfermo es amor en acción, y también es un trabajo físico y emocional muy duro, sin días libres. Cuando una sola persona lo carga durante meses, el cuerpo y la mente empiezan a quedarse sin reservas. Gabriela seguía dando con el tanque vacío y se culpaba cuando ya no le quedaba nada.
También estaba haciendo un duelo en silencio. Su mamá estaba viva y ahí mismo, y aun así le costaba encontrar a la mamá que le hacía bromas y amasaba ravioles todos los domingos. Gabriela no tenía lugar para sentir eso.
Lo que ayudó
Lo que ayudó a Gabriela con el síndrome del cuidador
El primer paso fue decirle la verdad a Paula. Esa noche la llamó y le dijo: “Ya no puedo sola con esto”. Paula se quedó callada un momento y después le preguntó: “¿Y por qué no me lo dijiste antes?”. Había dado por hecho que Gabriela podía, porque Gabriela siempre decía que podía.
Armaron un plan en papel. Paula vendría todos los viernes a la noche y se quedaría hasta el domingo a la noche, así Gabriela tenía dos noches completas de sueño. Una prima que vivía cerca aceptó acompañar a su mamá dos tardes por semana. Contrataron a una cuidadora tres mañanas por semana. Les costaba plata que tuvieron que estirar, y le devolvió a Gabriela sus mañanas.
Gabriela empezó a cuidar pequeños ratos de descanso. Veinte minutos afuera después del almuerzo, mientras su mamá dormía la siesta. Una caminata lenta hasta la panadería de la esquina. Una tarde por semana en su iglesia evangélica, donde su grupo oraba por ella y una de las hermanas empezó a llevarle comida para la semana.
Habló con la médica de su mamá sobre lo más difícil: cómo moverla sin lastimarla, qué ejercicios importaban más y qué cosas podía soltar. La médica también le preguntó a Gabriela cómo estaba durmiendo y le sugirió que fuera a ver a su propio médico. Fue, y se enteró de que tenía la presión alta.
Mateo 11:28-30 quedó pegado en la pared, arriba de la mesita de los medicamentos. Gabriela lo leía en las noches difíciles y lo convertía en una oración por ella misma, tanto como por su mamá.
Su mamá sigue recuperándose, despacio. Gabriela todavía tiene días difíciles. También vuelve a reírse con su mamá, porque ya no anda con el tanque vacío a toda hora.
Prueba esto hoy
Esta semana: un pedido y un descanso
- Anota todas las tareas de cuidado que haces en una semana.
- Elige una que otra persona podría hacer, y pídesela a alguien en concreto.
- Elige un descanso de 20 minutos que vas a tomar todos los días y anótalo en el calendario del celular.
- Cuéntale a un amigo o a una amiga cómo estás de verdad.
Un versículo para hoy
Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Mateo 11:28-30
Para ti
Si cuidas a alguien y sientes que ya no te queda nada
Si cuidas a tu mamá, a tu papá, a tu pareja o a un hijo con una enfermedad, el cansancio que sientes es real, y el amor también. Necesitar descanso no le quita nada a cuánto te importa. Tú también eres una persona, y quien cuida y descansa puede seguir por más tiempo.
Esta semana, pídele una cosa concreta a una persona concreta: dos horas el sábado, una comida, una noche de sueño. Mucha gente quiere ayudar y no sabe cómo. Después, cuida un pequeño rato de descanso cada día, aunque sean solo veinte minutos.
Si hace semanas que casi todos los días sientes agotamiento, sigues contestando mal a la gente que quieres o sientes un vacío o que no hay esperanza, habla con un médico o con un psicólogo. Quien cuida también necesita cuidado, y pedirlo es un paso normal.
Si quieres un lugar para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte en las noches difíciles, alguien que ore por ti y por tu familia, y líneas gratuitas donde alguien te escucha. La página sobre el agotamiento tiene más ideas para cuando ya no te queda energía.
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Lo que otras personas preguntan
¿Cuáles son los síntomas del síndrome del cuidador?
Las señales más comunes son cansancio constante, irritabilidad, alejarte de tus amistades, enfermarte seguido y sentir culpa cuando descansas. Si duran semanas, habla con un médico o con un psicólogo.
¿Cómo cuidarme mientras cuido a un familiar enfermo?
Reparte la carga pidiendo ayuda concreta a tu familia o a tus vecinos, y cuida pequeños ratos de descanso cada día. Ve también a tu propio médico, y busca al menos un lugar donde oren por ti y te pregunten cómo estás.
¿Es normal sentir culpa por querer descansar de cuidar a mi mamá?
Sí, es muy común. Descansar es parte de cuidar bien: quien descansa puede acompañar por más tiempo y con más paciencia. Pedir ayuda también es una forma de amor.
Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.
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