Ánimo bajo

Cómo Jimena acompañó a su mejor amiga en la depresión

Karla dejó de contestar y después dejó de aparecer. Jimena no tenía las palabras perfectas, así que llevó dos frappés y se quedó.

Por AnónimoJimena, 25, mejor amiga de Karla en Guadalajara6 min de lectura

Dos amigas conversan con un café en una terraza

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

La amiga que dejó de contestar

Jimena y Karla eran mejores amigas desde primero de secundaria, en Guadalajara. Tenían una broma de siempre: la que contestara al último le debía un frappé a la otra. Durante años, las respuestas llegaban en minutos.

Luego, por junio, las respuestas de Karla se hicieron más lentas. Horas, después un día, después solo un corazón en los mensajes de Jimena. Karla faltó a una cena de cumpleaños y después a su desayuno de los domingos, el de cada mes. “Nomás ando ocupada con el trabajo”, decía.

Al principio, a Jimena le dolió un poco. Después vio a Karla en el culto del domingo, en la iglesia cristiana a la que iban las dos, y se fijó en las cosas pequeñas. Karla había bajado de peso. Se sentó hasta atrás y se fue antes de la última alabanza. Cuando Jimena la abrazó, Karla tardó un segundo más de lo normal en soltarla.

Esa noche Jimena escribió y borró cinco mensajes. Todo sonaba demasiado ligero o demasiado dramático. Al final mandó: “Oye, te extraño. ¿De verdad estás bien? Voy el sábado con frappés. Yo invito”.

Lo que lo hizo difícil

Por qué cuesta tanto ayudar a alguien con depresión

Jimena tenía miedo de decir algo equivocado. Había escuchado a gente decirles a sus amigos “piensa positivo” u “ora más”, y sabía que esas frases pueden doler. No tenía idea de cuáles eran las palabras correctas.

Karla, mientras tanto, se estaba alejando porque sentía que era una carga. La depresión puede hacer que una persona sienta que su tristeza pesa demasiado para compartirla, incluso con quienes la quieren. Así que sonreía en la iglesia, decía que estaba ocupada y se escondía.

También estaba el miedo de empeorar las cosas. Jimena se preguntaba si hablar de pensamientos oscuros le metería ideas en la cabeza a Karla. Esa preocupación hace callar a mucha gente, y es un mito común. Preguntarle a alguien de forma directa y con calma si está pensando en quitarse la vida es seguro, y muchas veces le da alivio, porque abre la puerta para hablar.

Así que Jimena decidió ir, aunque no tuviera guion. Estar presente era lo único que sabía hacer.

Lo que ayudó

Cómo ayudó Jimena a su amiga con depresión

El sábado, Jimena llegó con dos frappés y sin ningún plan. Se sentaron en la cama de Karla y vieron media película. Luego Jimena le puso pausa y le dijo: “He notado que te ves muy decaída últimamente. ¿Cómo estás, de verdad?”.

Karla se quedó callada mucho rato. Después empezó a llorar, y a hablar. Del trabajo, de sentirse vacía, de no poder dormir, de que todo le parecía sin sentido. Jimena casi solo escuchó. Le dijo “Eso suena muy difícil” más de una vez, y dejó que los silencios se quedaran.

Entonces Jimena hizo la pregunta que más miedo le daba, con toda la calma que pudo: “Karla, ¿estás pensando en quitarte la vida?”. Karla se miró las manos y dijo: “A veces quisiera ya no despertar”. A Jimena el corazón le latía fuerte, y mantuvo la voz tranquila: “Gracias por decírmelo. Me voy a quedar contigo, y vamos a buscar ayuda juntas”.

Llamaron juntas a la Línea de la Vida, al 800 911 2000, en altavoz, con Jimena tomándole la mano a Karla. La persona del otro lado fue tranquila y amable. Habló con Karla, la ayudó a pensar en los próximos días y la animó a ver pronto a un profesional. Jimena se quedó a dormir.

La semana siguiente, Jimena ayudó a Karla a sacar una cita con un psiquiatra y la acompañó a la primera consulta. Con el permiso de Karla, también le contó a su hermana mayor, para que más de una persona estuviera al pendiente.

Jimena siguió presente. Un mensaje cada pocos días: “Me acordé de ti. ¿Vamos por unos tacos?”. Una caminata después del culto. A veces Karla decía que no, y Jimena la volvía a invitar la semana siguiente. Meses después, Karla le dijo: “Ese sábado llegaste cuando yo no podía pedirlo”.

Ayudar también le pesaba a Jimena. Habló con la líder de su grupo pequeño, y oraron juntas por Karla. Salmos 34:18 se volvió el versículo que Jimena oraba por su amiga.

Prueba esto hoy

Hoy: pregúntale a alguien cómo está de verdad

  1. Piensa en un amigo o una amiga que se ha quedado en silencio últimamente.
  2. Mándale un mensaje sencillo: “Te extraño. ¿Cómo estás, de verdad?”.
  3. Ofrece algo concreto, como un café, una caminata o una comida esta semana.
  4. Si te preocupa, pregúntale de forma directa y con calma, y prepárate para llamar en ese momento a la línea de crisis de tu país (en México, 800 911 2000).

Un versículo para hoy

Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.

Salmos 34:18

Para ti

Si te preocupa un amigo o una amiga

Si alguien que quieres se ha quedado en silencio, las palabras sencillas alcanzan. Ve a ver a esa persona, dile lo que has notado y escucha más de lo que hablas.

Evita las soluciones rápidas como “échale ganas” u “otros están peor”. Sigue invitándola, aunque te diga que no. Si te preocupa, pregúntale de forma directa y con calma si está pensando en quitarse la vida. Si te dice que sí, quédate a su lado y busquen ayuda en ese mismo momento.

Si estás pensando en quitarte la vida, llama a la línea de crisis de tu país: hay personas preparadas para escucharte y ayudarte a pasar este momento. En México es la Línea de la Vida, gratuita y abierta las 24 horas: 800 911 2000. Si estás en peligro inmediato, llama al 911 o al número de emergencias de tu país. También puedes hacer esa llamada con alguien a tu lado, como hicieron Jimena y Karla.

Si tu amigo o tu amiga lleva más de dos semanas con el ánimo bajo, invita a esa persona con cariño a hablar con un médico o con un psicólogo, y ofrécete a sacar la cita o a ir con ella. Cuídate tú también. Apoyar a alguien puede pesar, así que habla con alguien de confianza.

Si quieres un lugar para empezar, HopeBegins es gratis, para tu amigo o tu amiga, o para ti. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Para saber qué palabras ayudan, lee Qué decirle a alguien con depresión.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Cómo ayudar a un amigo con depresión?

Busca a esa persona, dile lo que has notado y escucha sin apurarte a arreglarlo. Sigue preguntando cómo está, y anímala con cariño a ver a un médico o a un psicólogo, ofreciéndote a ayudar a sacar la cita.

¿Debo preguntarle a mi amigo si está pensando en el suicidio?

Sí. Preguntar de forma directa y con calma es seguro y muchas veces le da alivio, porque le permite hablar. Si te dice que sí, quédate con esa persona y llamen en ese momento a la línea de crisis de tu país.

¿Qué no decirle a una persona con depresión?

Evita frases como “échale ganas”, “piensa positivo” u “otros están peor”, aunque se digan con cariño. Ayuda más decir “aquí estoy”, escuchar sin juzgar y seguir invitando aunque te diga que no.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.