Ánimo bajo

No tengo ganas de nada: cómo volvió el color a los días de Miguel

Durante semanas solo estuvo acostado, sin interés ni siquiera en lo que más le gustaba. Estos son los pasos pequeños que lo ayudaron.

Por AnónimoMiguel, 28, editor de video freelance en Quetzaltenango6 min de lectura

Una mujer descansa en el sofá junto a una ventana

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Los días grises

Miguel era editor de video freelance en Quetzaltenango. Siempre era el primero en proponer una vuelta por las pacas a buscar ropa de segunda o una partida en línea hasta tarde con sus amigos. En agosto, poco a poco, perdió el interés en todo eso.

Primero fue la comida. Un pan con café en la mañana, y después nada hasta la noche. Luego fueron los videojuegos. Abría la computadora, se quedaba mirando el juego y la volvía a cerrar. Hasta sus proyectos, que antes le encantaban, empezaron a sentirse como una carga.

Ya no podía terminarse ni su plato favorito, el pepián del comedor de la esquina, ese que antes pedía dos veces. La señora del comedor se dio cuenta. “¿Y eso, Miguel? ¿A dieta?”. Él solo sonrió.

En el chat del grupo dejaba todo en visto. Si alguien escribía “Miguel, ¿vamos más tarde?”, él contestaba “Paso, mano. Ando cansado”. Y sin embargo pasaba el día entero acostado, mirando el techo mientras afuera caía la lluvia.

Un domingo lo llamó su mamá desde Retalhuleu. “Mijo, ¿ya comiste?”. “Sí”, le dijo, aunque no era cierto. Después de colgar pensó: “¿Qué me está pasando? No me pasa nada, y perdí las ganas de todo”.

Lo que lo hizo difícil

Por qué puedes perder las ganas de todo

Lo difícil para Miguel era que no encontraba una razón. No había terminado con nadie, no se había muerto nadie y seguía teniendo trabajo. Así que se regañaba: “Qué exagerado. Es pura haraganería”. Eso solo lo hacía sentir más pesado.

Lo que no sabía entonces era que perder durante mucho tiempo el interés en cosas que antes disfrutabas puede ser una señal de depresión. Es todavía más probable cuando viene con cambios en el sueño y el apetito, un cansancio que no se quita y dificultad para concentrarse. Es algo real, y hay ayuda para eso.

Su sueño también había cambiado. Algunas noches se dormía a las tres; otros días dormía doce horas y aun así despertaba cansado. No tenía energía ni para bañarse, y contestar el correo de un cliente se sentía como subir un volcán.

Además vivía solo y trabajaba desde su casa. Nadie lo veía en todo el día, así que nadie se daba cuenta. Y como estaba callado, sus amigos daban por hecho que andaba ocupado con proyectos.

Pasaron tres semanas, después cinco. Ahí fue cuando se asustó.

Lo que ayudó

Lo que ayudó a Miguel a recuperar las ganas

El primer paso fue un mensaje a Kevin, su amigo más antiguo: “Mano, creo que algo anda mal conmigo. Llevo semanas sin ganas de nada”. Kevin no le dio un sermón. Llegó al día siguiente con atol de elote, y se sentaron en la terraza mientras todavía había neblina.

Fue Kevin el que le dijo: “¿Y si vamos a que te revise un médico? A lo mejor es más que cansancio”. Miguel sintió vergüenza, y aun así dijo que sí. Sacó una cita con un médico, que le preguntó por su sueño, por su alimentación y por cuánto tiempo llevaba así. El médico lo derivó a un psiquiatra, y Miguel empezó un tratamiento y terapia con un psicólogo.

El alivio llegó despacio. A las pocas semanas notó que le costaba menos levantarse. El café volvió a saberle bien. Se rio con un meme en el chat del grupo y se sorprendió a sí mismo.

Mientras esperaba a que el tratamiento hiciera efecto, hacía cosas pequeñas. Una caminata cada mañana, aunque fueran diez minutos, por el camino de pinos cerca de su casa. Una comida de verdad al día, aunque fuera sencilla. Un mensaje en el chat del grupo, aunque fuera solo un emoji.

Cada sábado Kevin le escribía: “¿Salimos a caminar?”. A veces Miguel decía que sí, a veces que no. Kevin volvía a preguntar cada semana, y así Miguel supo que alguien lo estaba esperando.

También oraba, aunque fuera poquito. Algunos días toda su oración era: “Señor, no tengo ganas de nada. Por favor, quédate conmigo”. Leía Salmos 42:11, donde el salmista le habla a su propia alma, y sentía que Dios conoce este tipo de peso.

También les dijo a dos clientes que necesitaba más tiempo para las entregas. Los dos aceptaron, y uno hasta le escribió una semana después para preguntarle cómo seguía.

Prueba esto hoy

Hoy: tres cosas pequeñas

  1. Sal diez minutos, aunque sea solo a la puerta de tu casa.
  2. Come una comida de verdad, aunque sea sencilla.
  3. Escríbele a un amigo o a una amiga: “Estoy pasando por un momento difícil”.
  4. Si llevas dos semanas así, saca una cita con un médico o con un psicólogo.

Un versículo para hoy

¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.

Salmos 42:11

Para ti

Si ahora mismo no tienes ganas de nada

Si eres tú en este momento, en la cama, sin ganas ni de tu comida ni de tu juego favorito, lo que sientes es real, aunque no encuentres una razón. Hay ayuda para eso, y puedes empezar con poco.

Hoy, elige una: sal diez minutos, come una comida de verdad o escríbele a una persona cómo te sientes de verdad. Y si tienes un amigo o una amiga que se ha quedado en silencio estas semanas, escríbele también. A veces un “¿Cómo estás de verdad?” es lo que alguien necesita para empezar a hablar.

Si ya van dos semanas o más, o te está costando trabajar, estudiar o cuidarte, habla con un médico o con un psicólogo. Es un paso normal, y la ayuda funciona.

Si estás pensando en quitarte la vida, llama hoy a la línea de crisis de tu país: hay personas preparadas para escucharte y ayudarte a pasar este momento. Encuentras el número en la página de ayuda. Si estás en peligro inmediato, llama al número de emergencias de tu país.

Si quieres un lugar para empezar hoy, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Lee Cuando la tristeza no se va para saber qué hacer después.

¿No estás bien hoy?

HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibe una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas de ayuda gratuitas en tu país.

Lo que otras personas preguntan

¿Por qué no tengo ganas de nada?

Puede venir de un cansancio muy grande, del estrés o de una temporada difícil. Si dura dos semanas o más y viene con cambios en el sueño y el apetito, puede ser una señal de depresión, así que conviene hablar con un médico o con un psicólogo.

¿Qué puedo hacer cuando no tengo interés en nada?

Empieza con poco: una caminata, una comida de verdad, un mensaje a alguien de confianza. Si ya lleva un tiempo, pide ayuda a un médico o a un psicólogo.

¿No tener ganas de nada es un síntoma de depresión?

Puede serlo. Perder el interés en lo que antes disfrutabas es uno de los síntomas más comunes de la depresión, sobre todo si dura más de dos semanas. Solo un profesional de la salud puede confirmarlo, y la depresión tiene tratamiento.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.