Ánimo bajo

Mamá primeriza, corazón pesado: las señales que Ana casi no vio

Tenía al bebé por el que tanto había orado, y aun así lloraba todas las tardes. Decirle la verdad a su ginecóloga fue el comienzo del cambio.

Por AnónimoAna, 30, mamá primeriza en Puebla5 min de lectura

Una abuela y su nieta, mejilla con mejilla

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

El bebé por el que tanto oró

Ana y su esposo, Joel, esperaron cuatro años para tener un bebé. Cuando Gabriel nació en marzo, media familia llegó al hospital en Puebla. Esa misma semana, la mamá de Ana hizo una maleta y se mudó a su casita para acompañarla en la cuarentena.

Todos decían lo mismo: “Debes estar felicísima”. Ana sonreía y decía que sí. Después se iba al baño, abría la llave para que nadie la oyera y lloraba.

No paró después de la primera semana. Para el segundo mes, lloraba casi todas las tardes. Se sentía apagada cuando Gabriel le sonreía, y luego culpable por sentirse así. Le contestaba feo a Joel por cosas pequeñas, como la forma en que doblaba las cobijitas del bebé. A las tres de la mañana, mientras le daba de comer, pensaba: tal vez mi mamá es mejor mamá para él que yo.

Su mamá fue la primera en darse cuenta. Una tarde tomó a Gabriel de los brazos de Ana, se sentó junto a ella en la cama y le preguntó: “Mija, ¿cuántos días llevas así?”. Ana no pudo contestar. Negó con la cabeza y lloró más fuerte.

Lo que lo hizo difícil

Baby blues o depresión posparto: por qué Ana se quedó callada

Ana había oído hablar del baby blues, la tristeza de los primeros días después del parto. Muchas mamás se sienten sensibles, con cambios de humor y abrumadas en las dos primeras semanas, y suele pasar por sí solo. Así que se dijo que era solo eso, y esperó.

No pasó. El ánimo bajo se quedó por semanas. Perdió el interés en cosas que antes disfrutaba, dormía mal aunque Gabriel durmiera y sentía que no valía nada como mamá. En el fondo sabía que eran señales para tomar en serio. Le daba demasiado miedo decirlas.

La vergüenza era el muro más grande. Había orado por este hijo. ¿Cómo podía sentirse así con la respuesta a su oración? Le preocupaba que en la iglesia pensaran que su fe era débil, y que sus parientes la llamaran malagradecida.

Y estaba agotada. Dar de comer cada dos o tres horas, recuperarse del parto, visitas cada fin de semana. Con ese nivel de cansancio, es difícil saber dónde termina el cansancio y dónde empieza algo más pesado.

Lo que ayudó

Lo que ayudó a Ana a volver a sentirse ella misma

Su mamá lo hizo sencillo: “Yo te acompaño. Vamos a decírselo a tu doctora”. La semana siguiente, en su revisión después del parto, Ana le contó la verdad a su ginecóloga: el llanto, la sensación de estar apagada, el pensamiento de las tres de la mañana.

Su ginecóloga la escuchó con calma. Le dijo que esto les pasa a muchas mamás, que tiene tratamiento y que decirlo en voz alta era justo lo correcto. La canalizó con una especialista que podía ayudarla, y Ana empezó un tratamiento. En las semanas siguientes, poco a poco, el peso se fue levantando.

En casa, la familia cambió algunas cosas. Joel se encargó de la toma de las 2 de la mañana entre semana para que Ana pudiera dormir un buen rato seguido. Su mamá sacaba a pasear a Gabriel todas las tardes, a la hora en que Ana más lloraba, y Ana aprovechaba para bañarse, comer algo caliente o simplemente acostarse.

Joel también aprendió. Leía sobre la depresión posparto en el celular a la hora de la comida y dejó de tomarse a pecho sus palabras duras. “Estás cansada y estás pasando por algo difícil, amor. Aquí estoy”, le dijo una noche.

Ana también dejó de esconderse. Se lo contó a dos amigas de la iglesia, las dos mamás. Una le dijo: “A mí también me pasó con mi primer hijo”. Ana nunca lo había sabido. Hicieron un chat donde podían mandar cualquier cosa, hasta “día difícil” a las cuatro de la mañana.

Oraba en pedacitos. Tenía Isaías 40:31 pegado en la alacena, arriba del esterilizador de biberones, y lo leía mientras hervía el agua. Algunos días esa era toda la oración que tenía, y alcanzaba para ese día.

Prueba esto hoy

Hoy: suelta una cosa

  1. Elige la hora más difícil de tu día y pídele a alguien que cuide al bebé durante esa hora.
  2. Usa esa hora para una sola necesidad: dormir, bañarte o comer algo caliente.
  3. Escríbele a una persona de confianza: “Día difícil. ¿Te puedo llamar más tarde?”.
  4. Anota cómo te has sentido esta semana y llévalo a tu próxima consulta.

Un versículo para hoy

Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:31

Para ti

Si acabas de tener un bebé y te sientes así

Si acabas de ser mamá y te sientes triste, apagada o abrumada, eso no dice nada malo de ti como madre. Tu cuerpo y tu vida entera cambiaron de golpe.

Sentirte sensible y llorar fácil en las dos primeras semanas es común. Si el ánimo bajo dura más de dos semanas, o te impide cuidarte a ti o a tu bebé, habla con tu ginecólogo o con un médico. Si tienes pensamientos de hacerte daño o de hacerle daño a tu bebé, díselo a tu médico de inmediato. Es un paso normal, y la ayuda funciona.

Si estás pensando en quitarte la vida, llama hoy a la línea de crisis de tu país. En México, la Línea de la Vida atiende gratis, las 24 horas, en el 800 911 2000. Si estás en peligro inmediato, llama al número de emergencias (en México, el 911). Hay personas listas para ayudarte a pasar este momento.

Hoy, deja que alguien te quite una cosa de las manos, aunque sea una toma o una hora. Cuando quieras dar un paso pequeño, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes algo pequeño para probar hoy, herramientas para calmarte en las tomas de las 3 de la mañana, alguien que ore por ti y líneas gratuitas de tu país donde alguien te escucha. La página Cuando la tristeza no se va es un buen lugar para empezar con calma.

¿No estás bien hoy?

HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibe una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas de ayuda gratuitas en tu país.

Lo que otras personas preguntan

¿Cuáles son las señales de la depresión posparto?

Tristeza, vacío o llanto que dura más de dos semanas después del parto, perder el interés en las cosas, dormir mal aunque el bebé duerma, y sentir mucha culpa o que no vales nada. Si notas estas señales, habla con tu ginecólogo o con un médico.

¿Es normal sentirse triste después de tener un bebé?

Sentirte sensible y abrumada en las dos primeras semanas es común, y suele pasar. Si dura más, o tienes pensamientos de hacerte daño a ti o a tu bebé, díselo a tu médico de inmediato. Si estás pensando en quitarte la vida, llama hoy a la línea de crisis de tu país.

¿Cuánto dura la depresión posparto?

Depende de cada persona. Con tratamiento, muchas mamás empiezan a sentirse mejor en unas semanas o pocos meses. Sin ayuda puede durar más, por eso conviene hablar con tu médico en cuanto notes las señales.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.