Ánimo bajo

Rafael arreglaba los motores de todo el mundo. Entonces un amigo le preguntó cómo estaba.

Durante treinta años, Rafael se calló y aguantó, como le enseñó su papá. Lo que cambió cuando por fin lo dijo en voz alta.

Por AnónimoRafael, 52, mecánico y papá en Santiago de los Caballeros5 min de lectura

Dos amigas conversan con un café en una terraza

Cada historia reúne vivencias de varias personas.

La historia

Fuerte, callado y con el tanque vacío

Rafael tiene un pequeño taller en Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana, desde hace casi treinta años. Carros públicos, motoconchos, alguna camioneta vieja que el abuelo de alguien se niega a vender. Si tiene motor, Rafael te dice qué le pasa con solo oírlo.

Su papá también era mecánico y le enseñó dos cosas: a escuchar un motor, y que los hombres no se quejan. “Tú eres hombre. Aguanta”. Cuando su papá murió, Rafael no lloró en el velorio. Al día siguiente ya estaba trabajando.

El año pasado las cosas empezaron a irse de las manos. Su hijo mayor se fue a vivir a Nueva York. Su esposa, Teresa, tuvo un susto de salud. El trabajo bajó cuando abrieron un taller más grande en la misma calle. Rafael no habló de nada de eso. Solo se fue volviendo más callado, y más cortante con todos.

Dormía cuatro horas por noche. Las dos cervezas después del trabajo se volvieron cuatro. Una tarde le gritó a su ayudante por una llave que se le cayó, y después se sentó al fondo del taller con la cabeza entre las manos, sin entender por qué estaba tan enojado.

Lo que lo hizo difícil

Por qué a los hombres latinos les cuesta hablar de lo que sienten

Rafael nunca pensó: “A lo mejor tengo depresión”. Los hombres como él no usan esa palabra. Pensaba que estaba cansado, o poniéndose viejo, o que su familia estaba demasiado sensible.

Muchos hombres en América Latina crecen igual. Eres el hombre de la casa, el pilar, y los pilares no se doblan. Pedir ayuda se siente como admitir que no puedes sostener el techo.

Entonces lo que sienten sale por otro lado: como rabia, como otra ronda de tragos, como más horas de trabajo, como un silencio que llena toda la casa. Teresa le dijo después que había sentido que vivía con un extraño.

Los hombres en ese punto muchas veces esperan hasta que algo se rompe. Rafael estaba cerca.

Lo que ayudó

La pregunta en la mesa

Todos los viernes en la noche, su amigo Rubén pasaba por el taller después de cerrar. Se sentaban en la mesa plegable de afuera con un plato de chicharrón y hablaban de béisbol. Ese viernes, Rubén no sacó el tema del béisbol.

“Compai, ¿tú estás bien de verdad? Te noto distinto”. Rafael dijo que estaba bien. Rubén no lo dejó pasar. “Porque yo no estuve bien el año pasado. Fui a que me vieran. Pensaba que eso era de débiles, pero me ayudó”.

Rafael conocía a Rubén desde hacía veinte años y nunca le había oído decir algo así. Algo en su pecho se aflojó. Empezó a hablar, despacio al principio. De su hijo que se fue. De Teresa. Del taller. De pasar las noches despierto sintiendo que estaba fallando en el único trabajo que tenía.

Rubén solo escuchó. Cuando a Rafael se le acabaron las palabras, Rubén le dijo: “Qué bueno que me lo dijiste, compai. Yo te voy a ayudar”.

Lo que ayudó

Lo que ayudó a Rafael a volver a sentirse él mismo

La semana siguiente, Rubén lo llevó en su carro al centro de salud. Rafael se quejó todo el camino. La doctora le preguntó por su sueño, por lo que tomaba y por su ánimo, y no lo hizo sentir débil por nada de eso. Le dijo que lo que describía parecía más que cansancio, lo refirió a un psicólogo y le pidió que bajara la cerveza, porque le estaba empeorando el sueño.

Rafael fue tres veces al psicólogo antes de decir mucho. Para la cuarta consulta, ya estaba hablando de su papá.

En la casa hizo algo más difícil. Se sentó con Teresa y le dijo: “Perdóname. No he estado bien estos últimos meses”. Ella lloró. Él también, por primera vez en años. Después ella le dijo “Gracias por decírmelo”, y la casa se sintió más liviana.

Volvió a orar, con oraciones cortas y sinceras, en la mañana antes de abrir el taller. Ahora tiene Salmos 46:1 pegado en la caja de herramientas, al lado del calendario.

Los viernes todavía sale el chicharrón. De vez en cuando, es Rafael el que pregunta: “Compai, ¿cómo estás de verdad?”.

Prueba esto hoy

Esta semana: pregunta, o responde, con sinceridad

  1. Piensa en un hombre de tu vida que últimamente se ve más callado o más enojado.
  2. Siéntate con él a comer o a tomar un café y pregúntale: “¿Cómo estás de verdad?”. Después pregúntale una segunda vez.
  3. Si eres tú quien está pasando por un mal momento, dile una frase sincera a alguien de confianza.
  4. Fíjate en lo que tomas esta semana. Si ha ido en aumento, reduce y cuéntaselo a alguien.

Un versículo para hoy

DIOS es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Salmos 46:1

Para ti

Si en tu familia eres quien sostiene a todos

Si eres hombre y estás leyendo esto, tal vez te reconozcas en Rafael: el mal genio, los tragos de más, las noches sin dormir, la sensación de que nadie ve lo que cargas. Hablar de esto es una de las cosas más fuertes que puedes hacer por tu familia.

Empieza con una persona. Un amigo, tu esposa, un hermano, un pastor. Puedes decirlo como Rafael: “No he estado bien estos últimos meses”. Esa sola frase abre una puerta.

Si llevas más de dos semanas con el ánimo bajo, de mal genio o sin poder dormir, o estás tomando más para aguantar, habla con un médico o con un psicólogo. Es un paso normal, igual que llevar la camioneta al taller cuando empieza a hacer un ruido raro.

Si te preocupa un hombre de tu vida, sé su Rubén. Siéntate con él, pregúntale dos veces y escucha.

Si prefieres empezar en privado, HopeBegins es gratis. Elige cómo te sientes y recibes una cosa pequeña para probar hoy, herramientas para calmarte, alguien que ore por ti y líneas gratuitas donde alguien te escucha. Si la historia de Rafael se parece a la tuya, Cuando la tristeza no se va es un buen lugar para empezar.

¿No estás bien hoy?

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Lo que otras personas preguntan

¿Por qué los hombres no hablan de sus sentimientos?

Muchos crecen escuchando que tienen que ser fuertes y callar, porque son el pilar de la familia. Por eso el estrés suele salir como enojo, más alcohol o exceso de trabajo. Hablar con una persona de confianza es un buen primer paso.

¿Cuáles son los síntomas de depresión en los hombres?

En algunos hombres, el ánimo bajo se nota como irritabilidad, enojo, tomar más, trabajar todo el tiempo, dormir mal o alejarse de la familia. Si estas señales duran más de dos semanas, habla con un médico o con un psicólogo.

¿Ir al psicólogo es de débiles?

No. Pedir ayuda es una forma de cuidarte y de cuidar a tu familia, igual que vas al médico por un dolor que no se quita. Muchos hombres sienten alivio cuando por fin hablan.

Las citas bíblicas son tomadas de la Reina-Valera (1909), de dominio público.